Todos, el que más y el que menos, hemos visto alguna película instalada en tiempos pretéritos, y, ya entonces, andábamos en permanente “gresca”. Desde que existimos, prácticamente, estamos en pie de guerra. Hay muchas disquisiciones y muy interesantes sobre si, la guerra es un estado natural del hombre o no. Pero, no vamos a entrar en este tema, puesto que es materia de otros foros, más filosóficos o políticos.
Nosotros, lo que vamos a tratar en este texto y quizá alguno posterior, es de analizar, el tratamiento que el cine ha dado a estos enfrentamientos bélicos, su rigor histórico y credibilidad. Todo ello, tratando de apoyarnos en hallazgos arqueológicos, literarios y muchas veces, meras cuestiones de lógica.
Hemos podido ver, desde enfrentamientos de pequeños grupúsculos tribales en En busca del fuego (Jean-Jacques Annaud), en la época prehistórica, prácticamente en los primeros pasos del homo sapiens, combates en las épocas micénicas u homéricas y macedónicas, Troya (Wlofgang Petersen) o como prueba de que es un tema que nos apasiona desde los inicios del séptimo arte, en 1911, aparece una curiosa pieza La caída de Troya, tenemos también la Batalla de Maratón, El León de Esparta y como no, de rabiosa actualidad la divertidísima y magnífica 300.
Sigue Roma, que nos ha prestado estupendos títulos, La caída del Imperio Romano, Cleopatra, Gladiator, Ben Hur, Espartaco y por mencionar una pieza antigua y de curioso visionado Cabiria (1914).

Posteriormente, casi se pasa a las guerras medievales. Pero en un principio, vamos a centrar nuestras dos primeras entregas en la Grecia clásica y en la Antigua Roma.
La Guerra en la Grecia Clásica
Es quizá, la más antigua de las épocas tratadas por la industria multimillonaria de Hollywood, de manera continuada y no episódica como se ha hecho con periodos anteriores.
Para hacer más fácil el seguimiento de este artículo, he creído más acertado, el centrarnos en cintas que sabemos han tenido suficiente difusión y éxito, como para poder asegurar el hecho de que la mayoría las hemos visto.
Para ver la época homérica, escogemos como no puede ser de otro modo, Troya, el éxito del momento, año 2004.
En la película, vemos como, el rapto de la princesa Helena, produce en los Átridas un gran deseo de venganza y, organizan una gran expedición contra Troya.
En primer lugar, debemos advertir, que se trata de un relato completamente idealizado el que nos presenta el genial Homero en su Ilíada. El poeta lo que hace es muy posiblemente mezclar dos épocas, la de los hechos narrados, el primer milenio antes de Cristo y la suya propia, 200 años después de los hechos, además de fabular con la intervención de Dioses y otros seres sobrenaturales.
Por tanto, al no haber mucha constancia de el armamento utilizado en aquella época, a caballo entre la edad del bronce y la del hierro, (1000 a.C.), correspondiendo, muy posiblemente con mayor exactitud a la civilización preclásica de Mecenas, no vamos a hacer constar con certeza las armas empleadas, si bien es cierto, que podemos hacernos una idea aproximada.
En primer lugar, y conste que, no pretendemos criticar la película (o películas, pues casi todas pecan de lo mismo), sino, hacer una aproximación a lo que entiendo, es lo más certero, vamos a centrarnos en el armamento individual.
Respecto a las armas de filo, es muy probable, que fuesen afiladas en las puntas, para dar estocadas, pero no de corte, como aparece en la película. Si es frecuente el uso de dagas o puñales. Generalmente, serían de bronce, ya que el hierro no se conocía. La lanza que aparece en El Vaso del Guerrero de Micenas, importante hallazgo por cierto, muestra una lanza con una ancha punta de bronce, igual que los que en la misma época utilizaban los pueblos del mar. Lleva asimismo como protección, un escudo con forma de media luna, un casco de cuernos y una coraza. Otro posible tipo de escudo era el de torre, un escudo que cubría casi al combatiente al completo, pero muy aparatoso.
No eran posibles, desde luego esas armaduras de “diseño” que llevan los héroes protagonistas, tampoco esa mezcolanza de cascos. Ni siquiera debemos pensar en una uniformidad de grupos.
Esto es debido a que la unidad de combate, estaba en fases de desarrollo. No nos encontramos al soldado-ciudadano que analizaremos más adelante. Tampoco es probable, como en el fotograma que presentamos, la presencia del Hoplón griego, ese escudo redondo que aparece bastantes años después, en la falange del s.IV a.C en adelante.
Respecto al uso de la caballería, que aparece en el desembarco de la playa en la cinta, esta no era posible, muy inusual como para ser unidad.
La dificultad en aquel entonces para la equitación tiene unos claros motivos. En primer lugar, no se conocía la silla, con lo que se convierte en una actividad atlética la práctica de la equitación, puesto que montar a pelo, asiéndose al animal con los muslos requiere de una fortaleza en las extremidades inferiores inusual. También hemos de tener en cuenta que tampoco se conoce el estribo (realmente, este no se hace común hasta la Edad Media), los hombres debían saltar sobre los caballos. Imaginad esto, con armadura y escudo. Posteriormente, la doma y la cría de suficientes animales, teniendo en cuenta que a falta de pasto, los caballos deben alimentarse de grano, en una sociedad agrícola, esto era bastante costoso.
Una vez superado lo anterior, hay que conseguir combatir a lomos del animal. Además de todas la maniobras complejas que debe aprender a realizar el jinete, desprovisto de los instrumentos que hemos mencionado, hay que conseguir que el caballo, omita su comportamiento natural de la huida ante lo desconocido, se acostumbren a llevar una carga y se separe llegado el momento del grupo, al que por instinto seguían. Para poder realizar estas maniobras, los caballos debían ser valientes, esto se conseguía con sementales, no con animales castrados, por lo que se producían peleas entre los machos, para establecer el dominio dentro de la manada. Todo esto algunos consiguieron arreglarlo con el bocado, a veces con clavos, para infligir daño al animal y obedezca más eficientemente. Es más que probable, que cuando algunos autores clásicos, hablan de las bocas ensangrentadas de los animales no exagerasen.
Las espuelas se sabe que aparecen en Grecia en el s.V a.C.
Para terminar, diremos, que los caballos de la época, eran más semejantes a un pony que a los que conocemos en la actualidad. No soportaban mucho equipo.
Dicho todo esto, la equitación y posterior desarrollo de unidades de caballería, conlleva un largo proceso, que, en esta época, estaba en sus inicios.
Sabemos por lo dicho y por lo que los arqueólogos han descubierto, que lo normal era el uso de carros, mucho más sencillo en todo. Por tanto, Troya, debía habernos presentado grandes grupos de carros, al frente de masas informes de infantería. Los carros portaban a los guerreros al combate, influidos por las tácticas orientales.
Es probable además, que el enfrentamiento fuese sólo de unos pocos, puesto que los demás carecían de la instrucción adecuada, limitándose los demás a gritar a ya arengar a su combatiente. No se lanzaban al combate, pobres campesinos, sin entrenamiento ni equipo adecuado. Imaginad, lo que es acercarse a un enemigo, que sabes que pretende clavarte un punzón de metal, o machacarte a golpes la cabeza, todo esto sin motivación de ningún tipo, ya que ni había conciencia nacional, ni te daban derechos ni premios, como veremos en épocas posteriores.

Es más que probable, que los combates fuesen entre campeones o paladines de cada bando, que aparecen en el campo de batalla en los carros tirados por uno o dos corceles. Tampoco hay constancia en esta época del uso de armas arrojadizas en Grecia desde el carro, de ahí que se deduzca, que el carro era para un rápido transporte.
Por no hablar de esas escenas en que el magnífico Héctor, da órdenes a su disciplinado ejército, que cierra filas, juntando los escudos y haciendo presión contra la línea enemiga. Esto no sucederá hasta el año 700 a.C, y esto en su forma más primitiva. Esto lo analizaremos un poco más adelante.
No era posible dar órdenes a un ejército tan numeroso a voces. Se utilizaban guiones, estandartes o mensajeros si se trataba de algo más complejo.
Y, aunque no es el caso, cuando en una batalla se enfrentaban ejércitos enteros, en épocas más modernas, el frente podía tener varios kilómetros, con lo cual, ya se creaba un amplio abanico de mandos, que tenían unas directrices genéricas de su líder, pero este no era capaz de dar órdenes a unidades muy lejanas. De hecho incluso para aquellos que se encuentran más cerca, la polvareda que levantan los grupos en movimiento, impedía ver con claridad, dónde está situada una determinada compañía, o si marcha junto a otra. Esto dio origen a los estandartes y guiones.
También servía como guía de en qué momento de la batalla estamos, el fragor del combate, que producía un sonido ensordecedor, y, la experiencia podía determinar incluso, contra que se estaban enfrentando.

Por tanto y a modo de resumen, diremos que el asedio de Troya y su posterior batalla, fueron llevados a cabo por muchos menos efectivos de los representados en la película, sin caballería, sin arqueros de largo alcance, sin formaciones de infantería organizadas y uniformadas. Con unidades de carros como pilares básicos de los ejércitos enfrentados. Unos pocos presentaban combates y el grueso de las tropas, una masa heterogénea, gritando y apoyando a sus guerreros, que, pertenecerían además a las clases más privilegiadas.
Además, el asedio a Troya, supuestamente, duró diez años. Los asedios, lo que en materia militar se denomina poliorcética, no se llevaban a cabo con maquinaria de guerra, torretas, etc…, eso es muy posterior, se limitaban a bloquear la ciudad, para evitar la entrada de alimentos y demás bienes necesarios, y, a esperar la rendición.
Respecto a la creación de las falanges, su mejora a manos de Filipo II de Macedonia y su culminación con Alejandro, lo veremos en nuestra próxima entrega con el análisis de “300” y “Alejandro Magno”.
Añadir, que no sabríamos nada de Troya, sino es por un genio loco, llamado Schliemann, que creyó en lo que nadie creía y su empeño y dedicación, dieron con la hasta entonces mítica ciudad.
Guillermo Díaz para
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